Julieta Serrano: Interpretar para poder vivir...

La biblioteca del Teatro de la Abadía de Madrid es el lugar perfecto para charlar con Julieta Serrano. Justo antes de comenzar, aparece José Luis Gómez. Ambos interpretaron El resistible ascenso de Arturo Ui de Bertolt Brecht en los años setenta, en una época de la historia de España especialmente complicada. Impresiona el respeto que muestra él por ella. Aunque no me extraña puesto que yo mismo lo hago. De hecho, lo primero que confieso a Julieta Serrano es la admiración que sigo sintiendo por ella. Sonríe y niega con la cabeza. Me dice que soy un exagerado. Julieta Serrano tiene 81 años y son 57 los que han pasado desde que se subió a un escenario, por vez primera, de forma profesional. Le pido que me cuente cómo fueron sus comienzos, por qué eligió esta profesión, cómo fue evolucionando. «Cuando comenzaba, allá por los años 50, la represión era absoluta a todos los niveles. Yo trabajaba en un taller como dibujante, apenas hablaba en público porque era muy tímida. Mis abuelos habían sido actores y tuvieron una compañía de zarzuela. Mi padre sentía gran amor por el teatro y, creo, que quiso ser actor aunque la búsqueda de la supervivencia propia y la de todos nosotros se lo impidieron. De niña me hacían recitar poemas subida en una banqueta y un lazo en el pelo. En catalán y en castellano. Siendo una cría, lo primero que hice fue con mi padre como director; más tarde, me apuntó en un cuadro escénico. Íbamos mucho al teatro y pasábamos la nochevieja en alguno de ellos. Ya ves que el teatro era un ingrediente muy importante en mi vida. Y pasó que el escenario fue lo que me dio la vida; que fue el lugar en el...

Tres destacadas actrices Abr08

Tres destacadas actrices...

Crimea, 1899, convaleciente de una afección pulmonar, Anton Chejov se instala en la península. Privilegiada por su clima mediterráneo, la costa del mar Negro acoge tradicionalmente a la aristocracia rusa, que cultiva orquídeas en los invernaderos imperiales de Livadia y bebe los vinos de Massandra. Una burbuja en el tiempo que apenas si durará quince años más. Hasta que ese mundo sutil y refinado salte en pedazos a causa de la revolución. Aislado en la campiña, el dramaturgo concibe una obra maestra, es la historia de Las tres hermanas que, retiradas en una posesión rural, sueñan con el brillo de la gran ciudad. Para Masha, Olga e Irina, la capital se presenta con la embajada de un destacamento militar que les hará soñar que son amadas. La amargura ocasionada por la partida de ese ejército las hundirá para siempre en la mediocridad y arruinará sus esperanzas. Hoy se van unos militares de Crimea -mientras vuelven otros- y comienzan quizás muchos hombres y mujeres a recordar otros tiempos, a soñar con algo que está lejos. O con algo que no existe. Porque en esta historia de desaliento –la de la realidad, la de la ficción- como en la novela de Lampedusa, todo cambia para que todo siga igual. Por eso José Sanchis Sinisterra toma el texto de Chejov, lo desmenuza, lo analiza, lo concentra, lo retuerce. Desaparece todo personaje secundario, se condensan los diálogos, se mantiene el espíritu que amarra a esas tres mujeres al pasado, aguardando un futuro malogrado. Lo único que no existe es el presente. Carles Alfaro, director, hace desaparecer todo objeto superfluo de la escena salvo ese piano de cola, lacado de negro como un féretro que simboliza la pátina engañosa de la cultura. Moscú. Y las tres hermanas flotan sobre...