La expedición de Ursúa y los crí́menes de Aguirre...

Nos entusiasman las introducciones del editor Javier Marías, del prologuista Pere Gimferrer, y de la traductora Soledad Martínez de Pinillos, a quienes se ve apasionados por ésta historia novelada. Nos emociona la referencia a los hechos legendarios, la expedición en busca de El Dorado. Agradecemos la edición porque es necesario conocer las diferentes visiones de los hechos, rescatar a su compositor, Robert Southey, reivindicar el género. No es oro todo lo que reluce. La expedición -iniciada por Pedro de Ursúa y concluida por Lope de Aguirre- que atravesó el continente americano desde el Perú hasta la desembocadura del Orellana, terminó como el Rosario de la Aurora, su crónica es espeluznante, una sucesión de crímenes innecesarios y de actos de tiranía que convirtieron la marcha en un despropósito, sus líderes han pasado a la Historia como grandes infames, insertando en ella una página negra, que desborda lo cuestionable de las hazañas de Cortés, Pizarro o Alvarado y se adentra en el lado oscuro, porque nos muestra –solamente- el envés descarnado de la conquista, la codicia desenfrenada, el ansia de poder y la crueldad extrema de unos hombres alienados por la grandeza de lo que estaban viviendo y por la naturaleza pesadillesca que los envolvía, pero sobre todo por su propia maldad, enfrentados a su dios, despóticos, levantiscos y traidores. Robert Southey toma la historia de Piedrahita, de Garcilaso, de Ulloa, de Simón, la convierte en una novela de aventuras, Gimferrer ve en ella acentos de tragedia shakespeariana y los ve con razón. El tono y el leguaje trascienden el ochocientos porque la novela se podía haber escrito hoy, y no hubiera sido desacertado restituir las fuentes castellanas que cita el texto original, aunque fuera en un apéndice, lo que hubiera sumado en vez de restar....