Europa: Ese juguete llamado cine Oct07

Europa: Ese juguete llamado cine...

Film inclasificable y pretencioso, Europa cerraba la primera etapa creativa de Lars Von Trier, en la que queda reflejado ya su gusto por la experimentación visual. Con ella el director danés llevó al máximo sus inquietudes plásticas actuando como ilusionista para configurar un film conflictivo, en el que la tensión de una historia que se mueve entre los clichés y la locura se diluye en una sorprendente imaginería visual, para triunfar finalmente como juego de magia, truco que nos habla del propio cine y sus cualidades hipnóticas. Cuando vi Europa por primera vez, siendo aun adolescente y lejos de saber quién era ese tal Lars Von Trier (aunque ya me sintiera atraído por su nombre que rememoraba a grandes directores del pasado), la proyección me abdujo de inmediato, desde el mismo momento en que una voz en off nos habla mientras solo vemos los raíles de una vía de tren desaparecer uno tras otro, llevándonos consigo. Quedé realmente impresionado ante la propuesta visual que ofrecía aquella película, arriesgada y  artificiosa, tanto que, tras terminar, apenas recordaba qué había pasado, solo algunas escenas se aferraban a mi memoria. Esta característica tan poco habitual, que el aspecto visual de un film se imponga sobre su narración, era quizás la cualidad más importante y discutible del primer Von Trier, un director  empeñado en dejar su marca sobre el celuloide. Ya en su primer trabajo, El Elemento del crimen, el abuso de sobreimpresiones, la cámara lenta  y un gusto por una iluminación barroca y expresionista se imponían, convirtiéndola en una experiencia tan oscura como lisérgica. Von Trier demostraba tener una predilección por los lejanos tiempos del cine mudo y las vanguardias de principios del siglo XX, aunque con una mirada más renovadora que evocadora. Su estilo era eminentemente...

Bailar en la oscuridad. Mejor no ver más cosas Oct07

Bailar en la oscuridad. Mejor no ver más cosas...

Bailar en la oscuridad es una de las mejores películas filmadas en los últimos veinticinco años. Lars Von Trier construye un trabajo en el que el buen cine se encuentra en cada toma, un film que nos muestra la cara más terrible de un mundo cruel y despiadado al mismo tiempo que descubre una zona en la que todo eso se puede convertir en un reflejo que, aunque distorsionado, nos permite poder sobrevivir. Von Trier deja a un lado la postura provocadora, casi pueril, y se dedica a narrar como pocas veces se ha logrado en el cine. Las personas experimentamos constantemente. Recibimos lo que nos llega del entorno, lo procesamos y, o bien no ocurre absolutamente nada, o bien se establece un antes y un después de esa experiencia. Bailar en la oscuridad, dirigida por Lars Von Trier y estrenada el año 2000, es una de esas experiencias que descolocan, que perturban, que generan un cambio radical en muchas personas (en otras el efecto es justo el contrario y las críticas son nefastas). Y es, posiblemente, el mejor trabajo del realizador danés. Es dolorosa, agresiva con las conciencias, un relato que nos provoca náuseas al hacernos pensar en lo que somos. Si bien la calidad de la imagen podría parecer modesta en exceso, lo cierto es que contienen una belleza inusual. No prima la brillantez de lo exquisito sino la profundidad y el sentido último de un trabajo extraordinario. Además, hay una explicación técnica que conviene resaltar. El relato de Bailar en la oscuridad está rodado con la cámara al hombro, buscando los encuadres que muestran sólo lo que se tiene que enseñar. Sin embargo, todo lo que tiene que ver con la imaginación de Selma se graba con la cámara fija; el...

Lars Von Trier. El exceso como norma Sep30

Lars Von Trier. El exceso como norma...

Dictador y genio, revolucionario y pesimista, crítico y autocomplaciente… Son muchos los adjetivos que sirven para referirnos a Lars Von Trier, una de los nombres mas personales y polémicos del cine contemporáneo, empeñado en mostrarnos el camino del sufrimiento  y tan propenso a meterse en problemas como eficaz en esquivar etiquetas. Su obra, siempre sorprendente, nos ha proporcionado alguno de los picos mas altos de la cinematografía reciente. A pesar de que los años cumplidos lo alejen de la condición de enfant, Lars Von Trier es, quizás, el director de cine que mas merece la distinción de terrible por su continua necesidad de trasgredir fórmulas cinematográficas y tabúes sociales. Su trabajo es continuación genealógica de la mejor escuela nórdica, con Murnau, Dreyer y Bergman como figuras ejemplares, aunque  el director danés haya sabido mantener una marcada e irreverente autoría artística, de  evolución tan abrupta como coherente y reflejo de una personalidad egocéntrica y brillante a partes iguales, polémica muy a sabiendas, e impertinentemente sincera hasta el extremo de generar odios y fobias. Hablar de Trier es hablar de provocación en cada uno de sus trabajos, que llegan a bascular entre lo impostado y lo impúdico, siendo capaz de perpetrar una boutade de pretensiones experimentales como  El jefe de todo esto  o suicidios artísticos como la apabullante Anticristo. Pero el cineasta danés es sinónimo, sobretodo, de exceso; de exceso visual en su primera época, cuando recién graduado llamo la atención con El elemento del crimen y Epidemic, cintas de un barroquismo formal artificioso que lo sitúan ya como francotirador del acartonamiento académico, frescos experimentales sobre los que edificar su tercer film y su primer gran triunfo, Europa, poseedor de una imaginería visual desbordante que recorre la historia del cine y epítome de un joven Trier...

La belleza de la extinción Sep30

La belleza de la extinción...

Melancolía de Lars Von Trier es recordada por la rueda de prensa de su presentación en Cannes y las declaraciones del director sobre el nazismo, que lo apartaron del Festival como persona no grata. Pero huyendo de la polémica encontramos en su metraje la más firme puesta en escena de su nihilismo filosófico y un compendio de hermosas imágenes que recrean un doloroso estado de ánimo tan tensamente suspendido en el tiempo como la armonía wagneriana que las acompaña. La seriedad que caracteriza el cine de Lars Von Trier surge a menudo de sus propias crisis depresivas, extrapoladas en una profunda y a la vez accesible reflexión sobre la vida y esa parte de la misma que conformamos los seres humanos. Melancolía es la cinta del autor que mas claramente muestra dicha traslación a través de una amenaza exterior que pretende consumir el mundo, y que tiene tanto de íntima orquestación de ciencia ficción catastrofista como de intensa proyección psíquica (similar por ejemplo a la que Hitchcock creó con sus pájaros asesinos en The Birds) de una necesidad de castigo y autodestrucción del ego. En uno y otro caso, lo que el director danés nos ofrece es un nuevo capítulo de su concepción nihilista de la existencia, sujeta a una falta de sentido en la que el ser humano constituye una forma de vida que solo consigue actuar en la anodina displicencia o en el sufrimiento, y que, como indica fríamente la protagonista de la cinta, nadie echará de menos cuando desaparezca. El mayor logro de Trier en esta deslumbrante y pesimista película es recrear todo un estado de ánimo en el que aflicción y belleza visual se retroalimentan para retratar la desolación interior y la salvación balsámica de la muerte, atravesando un cúmulo...

No se puede hacer cine estando deprimido Sep30

No se puede hacer cine estando deprimido...

Lars Von Trier es un buen realizador. Lars Von Trier es un provocador. Lars Von Trier es un director de cine que se deja llevar por sus pasiones sin saber tomar distancia con ellas. Lars Von Trier confunde la provocación con el asco o el escándalo. Todo esto puede decirse de Lars Von Trier; que logra poner a la crítica en guardia o al espectador a la defensiva, con cada uno de sus trabajos. Anticristo es una excelente muestra de ello. La gracia de una obra de arte, o de lo que aspira a serlo, es provocar. Un ejercicio de inteligencia en el observador, un cambio en la percepción de la realidad, la aparición de preguntas (tal vez sin respuesta). Porque, simplemente, provocar un respingo, una mueca de desagrado o una carcajada, se queda corto. En el mundo hay muchas cosas que provocan eso y no son obras de arte. Por otra parte, la gracia de ser artista (entre otras cosas) consiste en, ineludiblemente, tomar una distancia suficiente con lo que se quiere contar para no dejarse contaminar por sentimientos o actitudes que pudieran convertir la obra de arte en algo tan, tan personal, que no interesase a nadie. Normalmente, ni al propio artista. Pues bien, Lars Von Trier es un provocador. Un buen realizador (a veces) que hace oscilar su obra de las zonas más geniales a las más ramplonas y ridículas (más veces). Un hombre que se deja llevar por sus pasiones más allá de lo que debería consentirse (muchas veces) o de ejercer una mirada crítica, casi quirúrgica, y profunda, que resulta perturbadora y enriquece a cualquiera que tenga acceso a ella (a veces). Esto no es cosa exclusiva de Von Trier. Le pasa a todo artista que se precie. Pero...

La épica de la sencillez Sep30

La épica de la sencillez...

En la trilogía cinematográfica a la que pertenece Rompiendo las olas, Von Trier recupera su obsesión adolescente por la capacidad de entrega del ser humano. El director danés lo hace además rindiendo un implícito homenaje a su compatriota Dreyer, y desplegando todos los recursos narrativos que el Manifiesto Dogma  pone a disposición de la historia del cine. No puedo decir que Lars Von Trier sea uno de mis directores fetiches. Ni siquiera puedo decir que su filmografía y trayectoria profesional, aún calificándola de extraordinaria en el sentido literal de la palabra, me fascine. No puede negarse que su afán por romper lo establecido y ser el creador de Dogma 95,  uno de los movimientos cinematográficos más auténticos y vanguardistas, le ha elevado según algunos, a la categoría de creador e innovador cinematográfico. Sin embargo, buena parte de sus películas, especialmente las de su más reciente etapa creativa, exceden con creces el buen gusto y se dedican casi exclusivamente a dar rienda suelta a sus instintos pornográficos, mezclados con una buena dosis de sadomasoquismo nórdico.  Películas como Anticristo (2009) y Ninphomaniac (2013) no pueden calificarse más que de subversiones del subconsciente adolescente de un director  pagado de sí mismo y que ha decidido hacer, cinematográficamente hablando, de su capa un sayo. Sin embargo, en medio de esta debacle sexual en la que se ha convertido últimamente su cine, Von Trier (el ‘von’ distinguido es un añadido personal a su apellido producto de su admiración por directores como von Stroheim y von Sternberg) nos ha brindado auténticas joyas del cine. Y probablemente sea Rompiendo las olas (Breaking the waves, 1996) el mejor paradigma de cómo la técnica depurada, cruda y realista producto del Manifiesto Dogma, y la poesía, las emociones y las obsesiones convertidas en fotogramas,...

El ocaso de Jesucristo Sep30

El ocaso de Jesucristo...

Lars Von Trier es capaz de sorprender a cualquiera que se acerque a su obra. Pero en Dogville eso se traduce con más fuerza que nunca: la inteligencia del espectador es tomada en cuenta como fundamental en el encuentro, la originalidad del escenario es apabullante, los diálogos arañan la conciencia, los actores son dirigidos con gran acierto… Y, todo ello, como escaparate para un despliegue fascinante de ideas que permiten distintas lecturas. Una de ellas es esta. ¿No es el rostro de Grace la imagen de Jesucristo? ¿No ha quedado hoy su figura más maltrecha que nunca en pueblo de perros? Asistimos al ocaso del ídolo cristiano de la bondad profunda e incorruptible en una sociedad que rechaza cualquier espejo que no sea made le moi. Dogville es así, ante todo, una historia cruel de espejos: el perro que se mira en la santidad de la joven no puede sino sentir odio hacia ella al dejar al desnudo su inútil maldad, que avergüenza por la realidad última que ello compromete: la belleza no puede ser amada en un pueblo de canes cainitas. ¿Cómo puede la rosa enfermar con las espinas de otras rosas? Coronan de espinas la «arrogancia» de la bondad que encarna de forma incomparable Nicole Kidman, arrodillándose ante el bíblico «como yo os amo, así también vosotros os améis mutuamente». Ponen, más bien, el collar de perro que ¡en realidad les pertenece a ellos!, pero es que en el espejo en que se miran, la imagen que éste les devuelve es la de Grace, y ella, sin embargo, solo pronuncia algo que recuerda mucho a estas palabras del Mesías: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen». Pero los habitantes de Dogville solo saben de espejos rotos -propios del príncipe de Valaquia-...