La memoria de todos

============================ FUGITIVA CIUDAD Ediciones Hiperión, 2012 94 páginas. 10,00 € / e-book s/d ============================ Manuel Rico busca en lo escondido de la ciudad y encuentra en el lenguaje, arrancando desde una mirada personal y tranquila, la forma exacta de explicar una realidad que es de todos y de cada uno de nosotros al mismo tiempo. La memoria no se pliega a la cronología de un orden viejo, establecido hace siglos. El tiempo y su orden es cosa inventada por el ser humano. Cómo se maneja es cosa de cada persona. El tiempo como desorden de la memoria construye realidades para explicar todas. Manuel Rico presenta un excelente poemario en el que el recuerdo llega de forma aleatoria para dar forma a un mundo perfectamente ordenado. La memoria más íntima que suma a la colectiva. Pero ubicada en una ciudad dibujada como un solo bloque que llega a su periferia. Porque es ahí, en ese límite, donde se establece la frontera de la vida de esa amalgama de edificios y almas. Una ciudad que, como la memoria, es suma de ciudades. Toda ciudad como suma de las conocidas porque el recuerdo es uno solo. Madrid, Roma, Viena, Barcelo o Frankfurt son ciudad, Fugitiva ciudad. En el poemario de Manuel Rico se encuentran poemas de exquisita calidad que dejan ver un trabajo riguroso del autor al rebuscar entre el lenguaje intentando la palabra exacta. Poemas que hablan de los hombres vencidos y sin esperanza que miraban el mundo desde lugares oscuros, de jóvenes cargados de ideales y reivindicaciones, de amores jóvenes, de amores definitivos, de muerte que obliga a no esconder la imagen en un cajón y convertirla en poema. Se divide Fugitiva ciudad en cinco partes que buscan dentro de esos márgenes de la ciudad...

Manuel Rico

Nos encontramos en la Glorieta de Bilbao. Frente al Café Comercial. Es esa hora a la que Madrid se despierta definitivamente. Siempre he pensado que esta ciudad es un enorme corazón que bombea, hacia sus calles y plazas, a hombres, mujeres y vehículos. A modo de glóbulos rojos, blancos o plaquetas. El agua de lluvia disfrazada de plasma, la brisa oxigenando todo. Es la idea que tengo en la cabeza justo antes del apretón de manos con Manuel Rico. Poeta, novelista y crítico literario. De los buenos. Entramos en el salón del café. Excesivo bullicio. Nos invitan a ocupar la planta de arriba para poder charlar tranquilamente. Le recuerdo a Manuel que compartimos nuestro gusto por escribir con estilográfica y con tinta verde mientras firma uno de los libros con los que me ha querido obsequiar. Fugitiva ciudad, un poemario exquisito. No exagero si afirmo que es uno de los mejores libros que he leído en los últimos tiempos. Nos preguntamos, uno al otro, sobre autores que ambos conocemos. Esto nos lleva a cambiar impresiones sobre el mundo editorial, acerca de lo extraño que resulta el bajísimo número de ejemplares con los que cuenta una edición en la actualidad,  sobre los problemas con los que se encuentran los nuevos escritores, sobre la preocupación de encontrar espacios en los que puedan estar todos ellos. Sobre la autoedición y sus efectos. «Siempre hubo autoedición. Ahora es mucho más elevado el número de títulos que llegan al mercado por esta vía gracias a las nuevas tecnologías, pero siempre hubo autores que invirtieron en su propia obra. Y no es algo malo en sí mismo. Lo que no puede desaparecer, porque sería muy perjudicial, es un instrumento discernidor que proponga el canon y lo mantenga; tanto en edición...