Encuentros con el presente del flamenco Jul22

Encuentros con el presente del flamenco...

Los encuentros que aquí se proponen son posibles para los aficionados en potencia o para los que no han pisado ningún festival, a través de los cuales se puede recorrer el sentir del pueblo andaluz. No se los pierdan porque aún queda temporada. Los festivales de Flamenco son los que arropan a los artistas que viven por este arte que alimenta nuestra cultura y nos hace grandes. Los cantaores y cantaoras de Andalucía son los artífices de poemas expresionistas, como el que nos trajo el Pele la otra noche, «mira si soy canastero / que cuando paso por un charco / me agacho y me mojo el pelo». Esta forma de decir e interpretar no hace sino parir respeto desde las entrañas del artista a lo cabal de quien recibe, por derecho, este arte sin tener otro remedio que convertir el flamenco en doctrina o en argumento de autoridad de nuestra cultura. Privilegiados aquellos que aún se sienten interpelados por la Zambra de El Pele porque honrarán a Caracol o por las bulerías de la Macanita porque atesorarán el legado de La Niña de Los Peines. Crecí escuchando el nombre de Antonio Mairena porque se vino a trabajar a Arahal con el tío de mi bisabuela y se quedó prendado con Rufina, la hermana de mi abuela, aunque la cosa no pudo ser. Mi tío, Rafael Heredia, era quien contaba este tipo de avatares, por ser primo de gitanos, no sólo del cantaor de fragua sino de El Lebrijano, entre otros, y su padre tenía en Paradas el cine Andaluz, donde artistas como La Niña de La Puebla y El Príncipe Gitano se daban cita. El flamenco siempre ha estado presente en mi familia y esta circunstancia me interpelaba a subir encima de la...

Natalia Marín: Una viajera del flamenco May13

Natalia Marín: Una viajera del flamenco...

A Natalia Marín, más conocida por Natalia la del Mechón, no le amenaza el tiempo, lo demuestra en su primer trabajo discográfico, Atemporal. La voz de la cantaora del Barrio de la Macarena, ha viajado por el mundo con el deseo de llevar al flamenco hasta el lejano Oriente. Nadie adivinaría, que Natalia, una mujer de oficina, se convertiría en una artista de enjundia. «En mi casa ser artista era un tabú. Hasta que mi hija no se hizo una mujer no me decidí a dar el paso. La peña Torres Macarena me ayudó muchísimo. Todas las semanas había un recital de grandes artistas. Los privilegiados éramos los jóvenes a los que la peña dejaba sentarnos gratis, en la primera fila, para que mamáramos de los grandes. ¿Quién me había permitido antes eso? Nadie». La peña de treinta y ocho años de antigüedad, de la que habla, ha sido cerrada, recientemente, por una denuncia vecinal, «ya ves, como si lo que allí se escuchara fuese una especie de terrorismo acústico». ¿Y por qué hiciste la maleta? «Mira, aquí los artistas, con el flamenco, malcomemos. Porque eternamente no dura una voz y más ahora que va ligada al físico. Antes, las fotografías de los mejores flamencos eran de gente mayor que tenían solera. Ahora predomina todo lo joven y no esperamos a que la tengan sino que de un joven se pasa a otro. Yo sigo adelante con mis viajes a Japón, por Europa, Marruecos, haciendo cursillos. Te tienes que buscar la vida por otro lao». La cantaora entiende que los sentimientos son universales y comunicables, gracias al flamenco, «por qué me entienden en Japón, madre mía de mi arma, vaya un idioma diferente. Sin embargo, aunque no lo aparenten, ellos son muy sensibles y...