El televisor de Picasso Sep09

El televisor de Picasso...

Una exposición en el Museo Picasso de Málaga analiza la relación y las influencias que el artista malagueño recibió con la generalización de las emisiones televisivas. Se muestran obras en conexión con el tema analizado, especialmente grabados pertenecientes a la serie de la Suite 347 además de audiovisuales de la época y algunas pinturas al oleo. En 1937 comenzaron las primeras retransmisiones televisivas en Francia y el Reino Unido. El desarrollo de este nuevo medio de comunicación -capaz de impactar por primera vez en las masas de una manera decisiva y simultánea- será vertiginoso. A pesar de los problemas tecnológicos y de los precios relativamente elevados de los aparatos receptores, la televisión será recibida  como un acontecimiento expansivo y global. Pocos son los estudios encaminados a analizar la colisión del nuevo invento con las artes del siglo XX, aunque queda claro, en orden a la evolución de los mundos plástico y escénico, que nada continuará siendo lo mismo. Aparece un nuevo lenguaje que lo modificará todo. Pablo Ruiz Picasso es uno de los primeros artistas globales a los que la televisión encumbra, promociona, utiliza y digiere, pero también influye. El pintor había recibido las primeras emisiones con el escepticismo de ver a personajes que no le decían nada, más tarde su esposa Jacqueline adquirió un aparato que instaló en la residencia de Nôtre-Dame-de-Vie, en Mouguins,  para entretener el tiempo que su marido dedicaba a trabajar. Poco a poco, el genio español fue encontrando retrasmisiones que le entretenían y le interesaban: primero fue la difusión de una de sus exposiciones parisinas, luego sería la boda de la princesa Margarita de Inglaterra; después vendrían el circo, las producciones que le transportaban a otras épocas –como la de la Francia de los tres mosqueteros de Dumas- y...

Picasso y el arte moderno (en el taller)...

Para todos es de sobra conocido lo que representa la figura de Pablo Picasso dentro del arte moderno y lo de menos, aquí, es si el pintor y escultor malagueño fue más cubista que naturalista, o viceversa. Eso parece hoy carente de sentido para un espectador común o medio e incluso mínimamente versado en estas lides. En la exposición que se celebra en Madrid se pretende mostrar el trabajo de taller de un gran pintor y dibujante que como saben sólo unos pocos triunfa aún hoy día más fuera que dentro de su propio país. Ha tenido que ser precisamente esta exposición de carácter gratuito, donde de un modo algo obtuso, nos lleguen grandes obras. La financiación es de lo más variopinta: desde el Philadelphia Museum of Art, la Phillips Collection de Washington, pasando por el Centre Pompidou parisino, la Tate londinense, hasta el Museo de Arte Moderno de Kioto, eso sin contar el apoyo museístico de Madrid y Barcelona, por todos conocido, entre otros. Disfrutar a Picasso en su taller desde la mera fruición o goce estético es tarea complicada y esto es porque, como los grandes, Pablo era esencialmente un bromista en su actitud con el arte, de tal forma que tras años de rigurosa disciplina y con tal de no repetirse, acabó convirtiendo en arte todo lo que tocaba, y aún así el monstruo no le devoró. Si ustedes quieren ejercer de voyeurs, no vengan a esta exposición, pues encontrarán más recursos espiando a su vecina o vecino o simplemente observando la realidad que les rodea. Complejas naturalezas muertas (aún así muchas de ellas carentes de un estudio riguroso de la perspectiva afeada adrede), mandolinas sin cuerdas y extrañas figuras así lo atestiguan, de tal forma que de las más de...