Un juego de espejos para distorsionar el arte

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El primer largometraje de Banksy se convierte en una reflexión sobre la evolución que ha convertido al arte callejero en un reflejo deforme de sí mismo. Pero lo que es indudable es que se trata de una película genial, profunda e inteligente sobre el street art y su creciente comercialización.

Que uno de los artistas más influyentes del siglo XXI, el graffitero y street artist británico Banksy decida hacer un documental sobre su vida, es ya de por sí extraordinario, teniendo en cuenta la fobia que tiene a ser reconocido. Pero es aún más extraordinario que a mitad del proyecto, Banksy decidiera que era mucho más interesante plasmar la vida de quien fue su sombra durante el rodaje, atónito por la capacidad de este personaje de inventarse, de la nada, una vida como artista de éxito.

El personaje en cuestión es Thierry Guetta, un francés afincado en Los Ángeles desde mediados de los ochenta, y cuyo único mérito hasta convertirse de la noche en la mañana en un cotizado artista, había sido regentar una tienda de ropa de segunda mano y filmar de forma obsesiva todo lo que sucedía a su alrededor. Esa evolución vital es la excusa para hablar sobre el arte callejero, con una mirada ácida y desconcertante que pone en tela de juicio –sólo hasta cierto punto -, el mercado del arte contemporáneo y los mecanismos que convierten el proceso productivo de un individuo en creación artística.

Exit through the gift shop (2010), es la primera incursión en el cine de Banksy, y fue uno de los documentales —o mockumentary, según se mire—, más celebrado de los últimos años. Ganador de innumerables premios en festivales de cine de todo tipo, llegó incluso a estar nominado a los Óscar. No es ni de lejos, un producto cinematográfico que busque la perfección, generar conciencia u ocuparse de acontecimientos extraordinarios. Pero no cabe duda de que es uno de los documentales imprescindibles para entender el despertar que este género ha tenido en los últimos años. Si se trata de un falso documental o de un registro de la realidad, es algo que cada espectador deberá determinar o dejar como incógnita.

«Nunca más en mi vida volveré a animar a nadie a que se haga artista». Con estas palabras el propio Banksy, entrevistado a contraluz, con la capucha puesta y la voz distorsionada para no ser reconocido, deja claro que la historia que se narra no deja de considerarla como un hecho inesperado, un acontecimiento fortuito del que se considera en parte culpable. Pero, ¿quién es Thierry Guetta? ¿Es cierto lo que se cuenta sobre él? ¿Es un personaje ficticio, es real o es el propio Banksy? Si nos ceñimos a la película, Guetta sería una especie de alter ego delirante de Banksy, opuesto y complementario a la vez, ya que mientras uno esconde con celo su vida privada, el otro es un exhibicionista social que, sobre la marcha, es capaz de justificar lo injustificable para ser considerado artista.

Cuando se estrenó en los Estados Unidos la crítica dijo de ella que era «subversiva, provocativa e inesperada» (Los Angeles Times). Lo cierto es que la película al inicio, provoca la sorpresa por su estética casi doméstica y underground, y las absurdas y esperpénticas acciones que es capaz de realizar Guetta en aras de satisfacer su obsesión por el arte callejero. Para mayor desconcierto del espectador, a medida que avanza la historia, se empieza a dudar de que un personaje como Guetta sea realmente real, terminando en un juego de espejos tan inquietante que ni el propio Lewis Carroll lo hubiera imaginado jamás para su Alicia.

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En su primera parte Exit through the gift shop, narra los inicios del street art como un movimiento que pretende tomar el espacio público al modo de una galería de arte. Artistas como Space Invader o Monsieur André conquistan la calle a base de graffitis, mosaicos, fotocopias u objetos, integrándolos de forma ingeniosa donde antes solo existía cemento y ladrillo funcional. El arte se convierte así en un lujo que ya no es tal porque se encuentra al alcance de la mano de cualquiera. Pero además, se convierte en un fenómeno ilegal que puede llevar al artista incluso a la cárcel. Esa tensión que genera la marginalidad del proceso creativo callejero, hace que, sorprendentemente, se convierta en objeto del deseo de coleccionistas.

¿Y qué pinta Guetta, dueño de una tienda de ropa, en esta historia? Su eclosión llega a partir de grabar a los artistas callejeros de una forma compulsiva, y estar siempre en el lugar oportuno, hasta que, en la segunda parte de la película, descubrimos que ha empezado a apropiarse de las ideas de otros, incluido el misterioso Banksy.

El último acto de Exit Through the Gift Shop está compuesto por las consecuencias directas de este fenómeno. El street art pierde su esencia –arte en la calle para todos sin interés por generar ingresos económicos-, para transformarse en una más que lucrativa actividad comercial de dudosa calidad artística pero que al fin y al cabo, convierte a Guetta –ahora Mr. Brainwash-, en un hombre rico. La inauguración de su macro exposición “Life is beautiful” se muestra ante la cámara como una feria de las vanidades donde los supuestos amantes del arte consagran a Guetta más por lo que ha dicho de él una revista que por su verdadero valor como artista. Y sin embargo, a pesar de que sus obras no dicen nada, que imita técnicas ya explotadas por otros desde los años sesenta y que se convierte en un especulador del arte, el éxito de su primera exposición es tal que al espectador no le queda más remedio que quitarse el sombrero ante tanto talento para convertir el arte en una broma muy rentable.

La moraleja final de esta película, si es que realmente Banksy buscaba una, es que el arte callejero como filosofía ha muerto, prostituido y corrompido por una sociedad que pretende apropiarse, de forma individual, de lo que nació para ser de todos. Y en ese proceso siempre habrá individuos que como Thierry Guetta, te obligarán, sin que nos demos siquiera cuenta, a salir del museo callejero por la tienda de regalos.

 

Emma Camarero es profesora de comunicación en la Universidad Loyola Andalucía y directora de cine documental.