Un simple vestido de fiesta

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Hace pocos años, la editorial madrileña Árdora Ediciones hizo posible que el escritor francés Christian Bobin pueda ser leído en España en idioma español. Publicó la traducción de sus obras Une petite robe de fête (Éditions Gallimard, 1991) y Autoportrait au radiateur (Éditions Gallimard, 1997). En ambos casos, el traductor es José Areán, aunque la traducción de Un simple vestido de fiesta la hace junto con Tono Areán. Entonces, Árdora Ediciones, afortunadamente, publicó en 2006 Autorretrato con radiador y en 2011, Un simple vestido de fiesta.
Un simple vestido de fiesta es esencialmente el oxímoron del título del libro. El lenguaje de Christian Bobin es simple pero está vestido de fiesta. Christian Bobin es ante todo un poeta. Duele leerlo si somos seres sensibles a los que dos cosas nos conmueven profundamente: la lectura y el amor. Porque de este dolor, que en realidad es uno, no son dos, habla Bobin. Al respecto, lo cito (y de acá en más no podré evitar citarlo): «Uno lee como ama, uno entra en la lectura como se enamora: por esperanza, por impaciencia».
Se trata de un libro de relatos que comienza con una introducción o presentación del autor. Allí ya nos plantea, antes de la lectura o como hall de entrada a esa lectura, precisamente el tema de la lectura: el niño que se convierte en lector y aquel que no, tras culminar esa etapa común a toda la humanidad en la que aún no leemos. Una evolución de la persona hasta tomar partido entre una cosa u otra: o no lee nunca o forma parte de ese grupo de gente que no hace otra cosa más que leer. Este último grupo es el que «hace vivir a los escritores, libreros, editores, impresores». Bobin considera a todos los actores de la cadena cuando habla de lectura.
El personaje femenino del primer relato, «Una historia que no le interesaba a nadie», es una escritora. En el universo de la ficción de este relato solo hay lugar para la poesía, la lectura, el sufrimeinto y la muerte: «Tus ojos precisamente. Hablemos de ello. Solo valen para llorar, y cuando no lloran, leen…». El manuscrito de la escritora es rechazado por muchas editoriales sistemáticamente: «El sufrimiento ha desaparecido en la ofrenda del libro, pero esa ofrenda no le interesa a nadie». Cinco años después le llega a un lector (¿es un editor?, ¿por qué le llega a él?), al tú de la narración. Es el lector que habilita la voz (del narrador en segunda persona) que puede contar esta historia.
El relato «Debilidad de los ángeles» es un relato sobre la lectura. ¿Cuándo comienza un libro? Mucho antes del libro. En la desesperanza anterior que lo precede. El personaje lector de este relato está leyendo a Racine. La voz de este relato, que nuevamente narra en segunda persona, provoca a este lector, lo coloca en la encrucijada entre la lectura y la trama. Lo perturba en su lectura, que se debate entre una lectura objetiva (una lectura que, obviamente, por esa condición, no cumple con la lectura) y una lectura radical («las raíces de la lectura que hay en ti mismo»). Leer es escribir, nos viene a decir este relato; leemos lo que en el acto de lectura vamos escribiendo con nuestros propios ojos: «El lector y el autor avanzan al mismo tiempo en el éter de las pasiones». Luego, el personaje deja el libro de Rancine y se va a pasear a un centro comercial donde se le abre otro tema: los dilemas empiezan a tratarse del amor. Qué es la pareja, qué es la pasión y qué es el amor, son los tres interrogantes ante los que el personaje arriesga, como un juego, las respuestas.
«Tierra prometida» habla del hombre que abandona el mundo: el escritor. Y con él lo abandonan también los lectores: «Abres el libro un viernes por la tarde y llegas a la última página un domingo por la noche. Luego hay que salir, volver al mundo. Es difícil. Es difícil ir de lo inútil, la lectura, a lo útil, la mentira»… Esto es Bobin.
Bobin habla por sí mismo, qué más puedo agregar yo. Bobin tiene las palabras más precisas, las sentencias más desgarradoras, el mejor vestido de la fiesta. No vale la pena seguir desmenuzando sus relatos. Vale la pena leer a Bobin. Leerlo y sentir en carne propia el dolor de que se acabe el libro, de que culmine la lectura de un libro de Bobin. Ya había advertido que leerlo dolía, pero no lo dije solamente yo, en tal caso, lo había dicho él mismo.

Calificación: Excelente.
Tipo de lector: Culto.
Tipo de lectura: Profunda.
Argumento: Relatos sobre el amor y la lectura.
Personajes: Varios y tan profundos que con uno ya duele.
¿Dónde puede leerse?: En esta vida.