Matemática de la cultura Abr29

Matemática de la cultura...

Algunos defienden que leer, sea lo que sea, es bueno. El caso es que la gente lea. Lo voy a decir pronto para dejar claro mi punto de vista: eso es tan estúpido que duele pensarlo. Leer sin criterio alguno es lo peor que le puede ocurrir a alguien. Otra cosa es leer, de vez en cuando –bien buscando puntos de vista absurdos que nos diviertan o para alejar la mente de una actividad cansada, bien por lo que sea- cosas de poca calidad. Posiblemente, sea un negocio extraordinario para algunas editoriales; tal vez sirva para ensanchar el ego de los malos novelistas, el de los malos autores de blogs o el de los cazurros que han encontrado una mina en, por ejemplo, la televisión (siendo unos fantoches, por cierto), pero de bueno no tiene nada. No hace mucho, tuve la mala fortuna de ver, durante cinco minutos, un programa de televisión que tiene como contenido principal el insulto, el vómito de opiniones ramplonas o vacías expresadas como si fueran un gran descubrimiento para la humanidad; que es protagonizado por una banda de indocumentados patéticos y ridículos que llevan a pensar que la condición humana es espantosa. El dinero que ganan debe de ser proporcional a lo barriobajeros que son estos personajes. Algo así debe de ser. Pues bien, uno de estos individuos decía (creo que es casi literal) que, mucho cuidado con su opinión, que a él lo leían en su blog (alojado en la cadena de televisión) medio millón de personas a diario. Para decirlo, desplegó todo su plumaje de macho orgulloso. La primera pregunta que viene a la cabeza es ¿quién lee a este tipo? ¿Está mejor estructurada su opinión o es, más o menos, válida, si lo leen quinientas mil...

Creía que mi padre era Dios...

Si Paul Auster creía que su padre era Dios, caben aún más interpretaciones acerca de la presencia del azar a lo largo de su obra. Pero como, hoy por hoy, no hay constancia de que así sea, sería meramente especular. Quien sí lo creía era Robert Winnie, uno de los oyentes que respondió al llamamiento de Auster en la Radio Pública Nacional, cuando tenía seis años. A raíz de una idea de Siri, su mujer, Paul Auster y la RPN concibieron el Proyecto Nacional de Relatos, que vio la luz el 1 de octubre de 1999. Ese día, Paul Auster pidió a todos los oyentes que enviaran sus relatos. Dos requisitos: debían ser verídicos,y breves. De los recibidos, se haría una selección semanal, y los escogidos serían leídos por él en antena. Tras un año, más de cuatro mil personas habían participado escribiendo y enviando sus historias; sus recuerdos; sus momentos gloriosos y sus fracasos. Aquellos que los hicieron felices, y aquellos por los que aún se culpaban Al cabo de unos meses, Auster decidió publicar un libro con los mejores. Seleccionarlos no debió de ser fácil. Finalmente, recopiló los 180 que le parecieron “más humanos, auténticos y atractivos”, dando lugar a este libro. De los 180, uno se inserta en el prólogo, y los otros 179 se distribuyen a lo largo del mismo, agrupados en diez categorías (Animales, Objetos, Familias, Disparates, Lágrimas y estupideces, Extraños,  Guerra, Amor, Sueños, y Meditaciones), en función de su argumento. Pero, en realidad, todos, aunque puedan clasificarse formalmente en cuanto a contenido, hablan de lo mismo: el ser humano. De sus sueños. Sus anhelos. De padres, hermanos, tíos, primos. De alegrías y decepciones. De la guerra. De sentimientos, en suma. Es lo que lo hace un libro universal,...

Fábulas del sentimiento...

=================================== Alfaguara, Madrid, 2013 549 páginas. 22 € / e-book 10,99 € =================================== Luis Mateo Díez ensaya la propuesta de una colección de novelas, doce relatos cortos que forman una topografía emocional, una fábula desde el fondo del espejo de Stendhal. En la búsqueda de esa enseñanza moral, el escritor propone hitos que van diseñando un mapa. Son hechos que se repiten: seguimientos, deambulaciones, olvidos más o menos intencionados, sueños; unidos a lugares concretos, en una fascinación por las pensiones y los hoteles de paso, por las fotografías antiguas, las estaciones y caminos del ferrocarril; con prendas desparejadas y cartas anónimas. Sitios y cosas que se pueden comparar con los de la vida y que se ponen ante los ojos del lector, como un azogue, para que las conozca al través de su deformación. No son cuentos porque van más allá de las situaciones, se multiplican en conflictos, se enriquecen en personajes conectados y complejos. La Pensión Lucerna es una especie de purgatorio habitado por ánimas en pena, sus huéspedes viven entre remordimientos, lo mismo sucede de alguna manera en El diablo meridiano, son los relatos que abren y cierran el libro, quizás eso lo explica todo. El fulgor de la pobreza nos acerca al desprendimiento de algunas sectas que, como deseó una vez un profeta, continúan abandonando el mundo antes de morir, encontrando la belleza donde la mayoría de nosotros solo hallamos oscuridad. En otras de esas cortas novelas se convocan las sombras del pasado con una prosa minuciosa y exacta, un más allá que está con frecuencia en la adolescencia y la niñez. Nuestro guía, académico de la lengua, nos transporta con toda la precisión de su lenguaje a una geografía real, de nombres imaginados, que es común a todas las historias...

Entrevista a Luis Mateo Díez...

Primavera. Parece que sobre Madrid descarga una nevada improbable. Sin embargo, los copos de polen parecer bailar, sin ton ni son, al ritmo de una brisa distraída, negándose a tocar el suelo. Los que terminan posándose en el suelo vuelven a elevarse cuando sienten otra brisa nerviosa y ruidosa: la que provocan los vehículos que van y vienen sobre el asfalto. La luz del sol ayuda a que la estampa se tiña de un encanto que parece imposible en una ciudad como Madrid; una ciudad castigada por la contaminación, un ruido que se hace insoportable en algunos lugares y una suciedad que ya comienza a ser parte fundamental del decorado. Madrid enseña una belleza propia de postal antigua. Luis Mateo Díez me recibe en su domicilio. No coincidíamos desde hacía algún tiempo. Aprovechamos para preguntarnos sobre la familia, sobre nuestras obras en marcha, sobre el futuro más inmediato. Sobre esas cosas que nunca aparecen en las entrevistas ya escritas. El salón es luminoso. Sobre la mesa, los libros que está leyendo. Algo de Pérez Galdós, novela negra norteamericana, la nueva edición comentada de una de sus novelas.Mientras miro los ejemplares, le muestro mi preocupación respecto al mundo editorial. «Vivimos en una sociedad bastante degradada en muchos aspectos. En el caso de la literatura, la degradación llega desde el descrédito de la ficción como fuente de conocimiento humano. Y este es un problema que llega desde un mundo editorial comercializado en exceso, que ha olvidado al lector que se nutre del libro y se ha acercado a un cliente que compra, pero no lee. Ya dije en su momento que vivimos en un mundo en el que escriben novelas quienes no son novelistas para lectores que no leen. Por tanto, hay que fabricar un producto...

Dimensión de la masculinidad...

Vive la France. La fotografía pintada de Pierre y Gilles que representa a tres futbolistas desnudos en un estadio, vestidos solamente con las medias en los colores de la bandera tricolor, sacudió a la sociedad austriaca, causando un escándalo que obligó a censurar las imágenes de las banderolas publicitarias de las calles. ¡En Viena!, donde los músculos erectos de Los trabajos de Hércules adornan con sus miembros titánicos las entradas del palacio imperial de Hofburn. En todas las posturas, con toda la obscenidad de sus escorzos. Una clara señal de hipocresía que centra el foco sobre lo que investigaba la exposición: el momento –histórico y mental- en el que el cuerpo desnudo de un hombre deja de ser algo artístico, intrascendente, banal, que habita impunemente las fuentes públicas y los dinteles de los templos, para convertirse en algo intencionado y perturbador. Sucedía en una exposición del Leopold Museum en 2012. Rápidamente, Francia recogió el testigo alrededor de la misma imagen, que tiene también un mensaje político, en cuanto que pretende representar a su selección nacional de fútbol –blanc, black, beur; blanco, negro, moro- que se alzó con la Copa del Mundo en 1998. A la multiétnica sociedad francesa con sus luces y sus sombras. La exposición del año pasado en el Musée d´Orsay, Masculino Masculino, el hombre desnudo en el arte desde 1800 hasta nuestros días, esquivaba el escándalo y profundizaba en la revolución de los cuerpos, proyectándose con otra imagen emblemática de la misma pareja de artistas franceses, Mercurio (Enzo Junior) (2001), lo mismo que hace el museo mejicano. Más académica, mitológica, simbolista. Donde lo transgresor es esa encarnación por la que un joven humano se convierte en un dios por mediación del arte, y no al contrario. Esa doble masculinidad a la...

Ilona llega con la lluvia...

Álvaro Mutis es ese escritor colombiano que murió en México el año pasado. Maqroll el Gaviero es ese personaje que creó para darle vida en varias de sus obras, entre ellas, en la novela Ilona llega con la lluvia. Es una novela fresca, húmeda… Lluvia, alta mar, puerto, sexo, calles inundadas, aires tropicales, vodka doble con hielo. Maqroll se embarca rumbo a Panamá en una nave cuyo capitán, Wito, es un viejo amigo que lo contrata para realizar las tareas de contabilidad. Pero no hay mucho que contabilizar, más bien nada, pues Wito está quebrado. A este quiebre inicial, que es ajeno, le sigue el propio. Maqroll, ya en tierra firme, en Panamá, no tiene dinero. El conserje de un hotel que ocupa le ofrece un trabajo que está por fuera de la ley y Maqroll lo acepta hasta ver de cerca el peligro y renunciar al riesgo. Lo ayuda a tomar esta acertada decisión Alex, el cantinero del bar que frecuenta. Pero la salvación es la mujer, que en esta novela siempre llega como una aparición mágica. Ilona llega mágicamente con la lluvia, como si llegara porque lloviera, así de fantástico. O a la inversa también funciona: como si la lluvia la anunciara. No podrían haberse conocido bajo un cielo despejado Maqroll e Ilona. Así como el día que se ven por primera vez afuera del bar diluvia, este reencuentro fortuito también sucede con una cortina de lluvia torrencial como telón de fondo. Lo fortuito es una clave del relato; una llave mágica que activa el movimiento de las acciones. Lo casual, el azar o el destino es lo que mueve a los personajes. Ellos se mecen por la vida como hojas arrojadas al caudal del río. Hay otra mujer, que al igual...

Solos ante el peligro Abr29

Solos ante el peligro...

El valor del individuo que se enfrenta sólo a un colectivo moralmente deteriorado, ya sea una banda de delincuentes, un pueblo decadente o una institución corrupta, es una de las temáticas más fructíferamente tratadas por el cinematógrafo. Pocas profesiones son tan adecuadas como la de policía para profundizar en este tipo de material, por la combinación de rasgos de carácter que requiere este trabajo (coraje y conocimiento de las personas) con las circunstancias en que se desarrolla (contacto con criminales y proximidad a altas instancias de poder). En una de las mejores obras de Fritz Lang, Los sobornados (The big heat, 1953) Glenn Ford interpreta a un agente de la ley obsesionado con desarticular una banda de delincuentes que tiene sometidos mediante el chantaje o la violencia a numerosos habitantes de la localidad, incluidos algunos cargos públicos. Como consecuencia de ciertos acontecimientos muy dramáticos, Ford pasa a lo largo del metraje de ser un profesional íntegro y respetuoso con las normas a un justiciero sediento de venganza. De esta forma, Lang concentró en una misma película dos de los prototipos que más se han repetido en el género policíaco, el agente del orden ortodoxo y el que se basa en la premisa de que el fin justifica los medios. Tal vez el máximo exponente del policía honrado fue el que retrató admirablemente Al Pacino en Serpico (Sidney Lumet, 1973), basada en la historia real del italoamericano Frank Serpico, quien se atrevió a denunciar la corrupción generalizada en la policía neoyorquina de los 60 y principios de los 70. La institución estaba plagada de agentes que aceptaban sistemáticamente dinero de los delincuentes con la tácita aquiescencia de sus superiores. Cuando uno de los mandos que prefieren mirar hacia el otro lado, le afea al protagonista...

El hombre de acero: La tragedia contemporánea Abr29

El hombre de acero: La tragedia contemporánea...

El hombre de acero marca un punto final en el devenir del héroe divino hacia la tragedia. En el último film de Zack Snyder observamos como Superman ha sido transfigurado desde un personaje que lo puede todo y es símbolo de perfección, hasta otro repleto de dudas existenciales, mucho más hombre que súper, cuya historia narra el drama existencial de un ser excepcional que no consigue serlo; primero por la influencia de un restrictivo padre adoptivo y, más tarde, por las propias limitaciones autoimpuestas psíquicamente bajo la figura de ese superyó paterno y el recuerdo traumático de su sacrificio. La tragedia tiende a la catástrofe y la catástrofe se instaura en El hombre de acero como un derrumbe interior que tiene su proyección física en la inusitada violencia y destrucción de su parte final; completando un ciclo que aleja al héroe de su condición mítica para instaurarse en el realismo sucio y descreído de la posmodernidad, obligándole incluso a cometer el acto más violento de todos, y que no es mas que una catarsis que lo lleva a posicionarse rotundamente en el mundo por el único camino que las sociedades actuales, especialmente la norteamericana, parecen creer posible. En la tragedia clásica de Aristóteles o Sófocles los actos realmente horribles eran vividos por el público tan solo en su imaginación, eran actos narrados fuera del escenario con una mera descripción. En su tramo final, El hombre de acero se sitúa  mas cerca de la tragedia romana de Séneca, que, dentro de una sociedad conquistadora, habituada al conflicto y deshumanizada, mostraba en escena incluso los más sangrientos episodios. En este nuevo film el objetivo de Superman no es, como siempre ha sido, defender la justicia y la verdad, sino un genealógico y destructivo deseo de venganza...

Malentendido en Moscú: Aviso a navegantes...

Simone de Beauvoir escribió Malentendido en Moscú entre 1966 y 1967. El texto debería haber formado parte de la compilación La mujer rota, pero fue la propia autora quién acabó rechazándolo, de modo que no se publicó hasta 1992, en la revista Roman y a título póstumo. En España, la novela ve la luz en Navona Editorial en una primera edición del mes de octubre de 2013, tratándose de una versión traducida por Joachim De Nys y prologada por Rosa Regàs. Protagonizan el relato Nicole y André, una pareja de profesores parisinos que, ya jubilados y en la sesentena, -década considerada en el texto como antesala de la decrepitud-, realizan un viaje a Moscú para encontrarse con Masha, la hija de André. El periplo realizado por los tres personajes es identificado por los biógrafos de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir con el que estos últimos realizaron por la Unión Soviética en el verano de 1966, acompañados por Zonina, traductora al ruso del filósofo y una de sus presuntas amantes. El núcleo temático de la obra lo constituye, sin duda, la vejez, inevitablemente proyectada a cualquier otra faceta de la vida: el desgaste del amor de larga evolución, el declive físico, la estupefacción del individuo ante la urgencia del paso del tiempo, la decepción ante un mundo que no cambia, o cambia de forma diferente a como pensamos que lo haría… la vejez como hecho sorpresivo e incontrovertible y como lente a través de la que se filtra todo lo demás; la ancianidad como epílogo vital en el que todo parece tornarse repetido y trabajoso. El argumento de la novela es un esqueleto muy sencillo sobre el que se soportan las reflexiones que los dos personajes protagonistas realizan a lo largo de su...

Crónica de una muerte anunciada...

Cuando en 1982 a Gabriel García Márquez le dieron el Premio Nobel de Literatura, el autor colombiano pronunció un discurso que comenzaba citando una crónica sobre las Indias a la que se refirió como una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Esa crónica parecía una aventura de la imaginación por su carácter de fantástico y maravilloso, mítico o legendario; pero la calificó como rigurosa, y eso la acercaba al mundo de lo real. En esta existencia de lo maravilloso en lo real está la esencia del realismo mágico, que fue bautizado con una pregunta pronunciada por Alejo Carpentier: ¿Qué es la historia de América Latina sino una crónica de lo maravilloso en lo real? Crónica de una muerte anunciada no es una obra reprentativa del realismo mágico como lo es Cien años de soledad, pero sí es una obra representativa de García Márquez, que es uno de los principales representantes de ese movimiento literario. Crónica de una muerte anunciada es una crónica, y por eso se acerca al género periodístico, aunque conserva rasgos de lo extraordinario (una pistola se dispara, atraviesa una pared, recorre todo el comedor de la casa vecina, atraviesa la plaza del pueblo de lado a lado y termina su recorrido en un santo de yeso del altar de la iglesia del pueblo). Es, también, la narración de los hechos y de los testimonios de esos hechos sobre una mañana: la mañana siguiente a la boda de Ángela Vicario con Bayardo San Román. Esa mañana transcurre en una espera (los hermanos Vicario esperan a Santiago Nasar para matarlo), un anuncio pronunciado varias veces (los hermanos Vicario anuncian que van a matar a Santiago Nasar), un desconocimiento (Santiago Nasar es prácticamente el único del pueblo que desconoce...

El erotismo

Este ensayo del prolífico pensador, agitador y novelista francés, Georges Bataille, resulta enjundioso y rico. Tiene en su lectura el presupuesto básico de no mostrar una tesis masticadita haciéndose garante de una modernidad por la que todo texto debe ser sembrador de dudas susceptibles de hacernos preguntas a nosotros mismos. El tema es el de eros y misos como contradicción humana y literaria, pasando de desmitificar la plétora o euforia sexual a ahondar en ello desde un estudio pormenorizado de la figura del marqués de Sade primero y de autores místicos finalmente. Alguien que hace subyacer su deseo a algo inmaterial pierde pie en la realidad, de tal forma, lo interesante en estos místicos es ver cómo morir porque no se muere; acaba viviéndose más, ya que el gozo y el dolor permanecen tan pegados vital e inextricablemente que, también, vemos hoy más sabiduría que misticismo en el verso de Santa Teresa de Jesús. Empieza haciéndose cómplice Bataille de la modernidad en que vive, buscando en rasgos podríamos decir que libertinos, la búsqueda de nuestra razón de ser. A medida que divisamos las consecuencias a través de un estudio pormenorizado del mal, se consigue cierta empatía con la víctima o desvirtuación del héroe psicópata. Esto no lo sabemos si lo hace premeditadamente, pero a mitad de libro incluye unas láminas que instruyen adecuadamente sobre el sadismo, que sin llegar a escandalizar, sí pueden ser óbice de reflexión sobre el mal en estado puro. Editada por Tusquets en su colección Fábula, el libro muestra partes densas y tiende a repetirse, si bien tiene nervio a la hora de objetivar más el sufrimiento místico que el vacío sádico. Trata de montar una estructura sobre el amor, que lejos de considerar lo corporal como extraño, pretende volver...

La vieja tortuga deriva hacia un compromiso mayor Abr29

La vieja tortuga deriva hacia un compromiso mayor...

Vetusta Morla es un nombre propio que conocen de buena mano tantos los admiradores de Michael Ende como los fanáticos del rock español. Respecto a estos últimos, el nombre está dando mucho de que hablar estos días. Porque el grupo que se ha erigido en bandera de la música indie española (un término este que, probablemente, creará confrontaciones hasta el último de los días en que sea utilizado) ha estrenado nuevo disco recientemente. Su tercer trabajo de estudio, La deriva, era muy esperado. Sobre todo después de que, en el año anterior, el grupo oriundo de Tres Cantos ofreciese un único concierto en esta península, centrando su gira en Latinoamérica. Pero La deriva ya es una realidad. Doce temas que miles de seguidores esperaban con ansia y temor a partes iguales. Porque cuando un grupo ofrece tanto, siempre existe un miedo respecto de la siguiente obra que lleven a cabo. ¿Dará una vuelta de tuerca a su estilo? ¿Tratará de reinventarse para no caer en la inercia de no superar sus trabajos anteriores? ¿Logrará mantener el nivel que hasta entonces ha mostrado? En este disco se ofrece respuesta a todas estas preguntas. Y, lo que es mejor, se ofrecen otras contestaciones con las que el seguidor, tal vez, ni siquiera contaba. El primer single que la banda mostró como adelanto lleva precisamente el mismo título que el que presenta el disco. Una canción en la que Vetusta Morla (nombre de la anciana tortuga tan entrañable de La historia interminable, del ya citado escritor alemán) desvelaba los primeros matices generales de su última creación. A través de La deriva se podía comprobar que el grupo no se había dejado llevar por experimentos, ni por nuevas fórmulas que buscasen una metamorfosis. Pero sí se detectaba algo...

Fuegos

Fuegos son nueve biografías, relatos o historias. En ellas la escritora francesa Marguerite Yourcenar, la primera mujer que fue elegida miembro de la prestigiosa Academia francesa, lleva a cabo una de sus actividades literarias favoritas: la investigación sobre las voces históricas, las mentalidades de las épocas pasadas, lo que le lleva a una reflexión sobre algunos de los mitos clásicos encarnados en seres pensantes, titubeantes, llenos de dudas y debilidades, capaces de actos determinantes. Fedra, Aquiles, Patroclo, Antígona, Lena, Fedón, Safo y Clitemnestra, pero también María Magdalena desfilan por las páginas y esos entes se transforman con los depósitos que el devenir de los tiempos han dejado sobre ellos. No siempre es fácil para un lector común identificar ese procesado, pero la propia escritora en su prólogo nos da algunos datos. Fedra es la de Racine. Aquiles y Patroclo son –por separado- un análisis, la imagen del mito manufacturada por el tiempo. Antígona es moderna por sí misma. En Lena hay un color local moderno que es, en Clitemnestra, el de la época del conflicto greco-turco de 1924, y en Fedón la Atenas noctámbula de los años treinta. No siempre lo ve el lector aunque agradece la información a la escritora. Safo es solamente la inspiración y el pretexto para un personaje nuevo, habitante del mundo cosmopolita de entreguerras. Separando unos relatos de otros, se incluyen reflexiones poéticas, o pensamientos, o intuiciones sobre el amor, que pretenden crear una continuidad y aportar una mirada pero que parecen algo fuera de lugar. Calificación: Interesante. Tipo de lector: Aficionados a Yourcenar y al clasicismo griego. Tipo de lectura: Concentrada y espesa. Argumentos: Interesantes. Personajes: Únicos. ¿Dónde puede leerse?: Viajando, en instantes robados al...

La creación del personaje (II)...

Hay quien piensa que un personaje se construye desde la descripción. Y eso, si consideramos el relato como un todo, es una parte muy pequeña. Pensemos en la realidad, en eso que usted y yo vivimos cada día. Si alguien nos pregunta por fulano o por mengano podemos contestar con algo así: Ah, sí, es mi vecino del cuarto derecha. Es un tipo muy educado que siempre abre la puerta y me deja pasar. Lo que más llama la atención de él es la melena rubia. Creo que se dedica a la cría de caballos y está soltero. Cuando ha ido a las reuniones de vecinos, no ha dicho esta boca es mía. ¿Qué sabemos de él después de escuchar esto? Casi nada. Además, lo poco importante que podemos conocer es, en realidad, lo que piensa otro de él. Es educado y luce una bonita melena rubia. ¿Podría alguien estar seguro de ello? Tal vez abre la puerta a las vecinas y, al mismo tiempo, escupe en el ascensor. Tal vez esa bonita melena rubia le da un aspecto ridículo. No sabemos nada. Porque sólo sabemos cuando conocemos la forma de mirar y entender el mundo de ese sujeto. Del mismo modo que ocurre en la realidad, en literatura (en cualquier tipo de ficción) podríamos elaborar una enorme lista de características y no tendríamos nada. Si no es desde la descripción, ¿qué materiales podemos utilizar para esa construcción, qué recursos podemos manejar para conseguir lo que perseguimos? Si bien todo estará condicionado por la voz narrativa que empleemos (por ejemplo, un narrador personaje es muy distinto a un narrador complejo), debemos considerar algunas alternativas que suelen funcionar de forma general. Una de ellas es lo que llamamos actantes. Para entendernos, eso es todo lo que aparece...

La creación del personaje (I) (Textos seleccionados)...

Lo textos seleccionados que contestaban la propuesta anterior (La construcción del personaje (I)) son los siguientes: Ana Medina intuye, perfectamente, que un personaje no deja atrás nunca lo que dice. Cualquier cosa que diga, lo arrastrará inevitablemente. Lo dicho forma parte del personaje. Introduce una justificación a lo que sucede que refuerza la que ya está implícita. Tal vez para lectores algo más despistados, este recurso esté muy bien. Pero el abuso en el uso afea mucho el conjunto. Al cerrar la puerta tras ella, una náusea lo invadió y tuvo que toser para disimular ante la chica, pero ya era tarde, su mirada asustada lo intuía todo. Forcejearon y él consiguió inmovilizarla, hacerla callar para siempre, en unos instantes. Entonces, en voz alta dijo: papá, ésta ya no engañará a ningún otro, tu hijo Enrique Martín Ndiaye te lo asegura. El encuentro duró apenas media hora, no hubo ruido, nadie supo lo que allí ocurrió. Si alguien lo vio salir, reconoció en él a un hombre satisfecho y feliz. Agarrado a su maleta, se dirigió a la estación de tren, nuevo destino: Santa Coloma de Gramanet, Barcelona. En su asiento de primera clase, sonreía a una mujer. Ana Medina Gutiérrez (Los Villares, Jaén) El autor economiza al máximo los recursos. Después de decir lo que ha dicho el personaje, no puede pasar nada que no se esto mismo que narra José Antonio; quizás, algo similar. En el relato observamos que se reduce al máximo el aliento y se busca una expresividad absoluta. Frases breves, directas, sin concesiones a la galería. Le pidió que se desnudase. Solo pudo recordar, antes de ser ejecutado, la cara de la mujer antes de morir. Sus manos apretando el cuello. El placer de matar. José Antonio Villalón Manrique (A Coruña)...

Me gustan Chéjov y Britten. Y no soy un finolis Abr22

Me gustan Chéjov y Britten. Y no soy un finolis...

Viene bien recordar un momento de mi actividad docente que me marcó de forma definitiva. Aunque esto ocurrió hace ya muchos años, lo tengo presente siempre que hablo de literatura, ópera, pintura o escultura. Fue una de esas cosas inesperadas que te enseñan más que cualquier manual. Fue uno de esos momentos emocionantes que te hacen modificar el punto de vista. En cualquier caso, es algo que he llevado conmigo durante todos estos años. El muchacho se llamaba Javier. Era jugador de rugby. Compartimos aula durante un año en la Escuela de Letras de Madrid. Desde el primer día, presumió de estar allí para perder el tiempo y el dinero, de estar allí obligado puesto que era un lugar ajeno que no le correspondía. Todo lo que leíamos, todo lo que escribían sus compañeros o él mismo, le producía una risita incontrolable. Porque todo lo que se hacía allí le parecía ridículo, hortera y prescindible; cosas de gente extravagante que no tenía otra cosa en la que gastar su tiempo. Sin embargo, en un par de textos que escribió y que, lógicamente, tuve que valorar, me pareció encontrar algo inusual, algo que permanecía escondido tras la camiseta a rayas verdes y blancas y un balón con forma de melón. El jugador de rugby procuraba escribir como si estuviera disputando una melé. Era brusco, utilizaba términos ásperos, casi violentos. Pero ocultaba una sensibilidad y una intuición con el lenguaje que, afortunadamente, asomaba en lo que escribía sin que él lo pudiese controlar. Ya les adelanto que ser leído con atención es, a menudo, muy peligroso si el lector sabe interpretar un texto. Pues bien, aunque me dedicaba a la narrativa, una tarde sorprendí a mis alumnos con una clase de poesía. Dejé sobre la mesa...

Génesis

Relata el Libro del Génesis la creación de un mundo y su destrucción mediante la catástrofe diluvial. Sebastião Salgado crea con esta nueva Génesis un arca llena de imágenes para salvarlas en un planeta exhausto. Que queden como testimonio de lo que había. Porque parece que ya nada, acto artístico ni conciencia alguna, pueda detener el desastre. Que las vean nuestros hijos y recuerden lo que no pudo ser. Que sepan lo que no supimos conservar para ellos. Somos pesimistas. El ser humano está provocando la destrucción de la morada común con la explotación desaforada de sus recursos naturales, provocando la extinción de las especies, extendiendo el monocultivo de la globalización social, alterando los sistemas climáticos que habían hecho de este planeta de la tierra y el agua un invernadero donde triunfaba la vida. Hoy, por primera vez en la historia del planeta, los espacios naturales comienzan a ser la excepción y no la regla para una humanidad doliente que el artista había retratado ya en sus series Trabajadores y Éxodos. Ahora dirige su mirada sobre los grandes espacios naturales que aún permanecen vírgenes pero que no debemos olvidar que están acosados por la actividad humana. Así Salgado viajó durante ocho años para fotografiar los lugares más remotos de la Tierra. Las islas Sandwich y el archipiélago de las Malvinas, el delta del Okawango, la meseta y los valles del río Colorado o la península de Kamchatka. Son doscientas cuarenta y cinco fotografías en blanco y negro. Épicas, poderosas, que relatan el mundo en ausencia del hombre muchas de ellas, porque los únicos que aparecen están llamados a extinguirse con el progreso, sin abandonar la poesía de una existencia acomodada a esa madre cruel y protectora. Algunas están encerradas en la mágica intimidad de...

Está Ud. de broma, Sr. Feynman?...

Crear un personaje como el Richard Feynman que nos presenta Ralph Leighton ha de ser algo sumamente difícil. Creerlo, posiblemente aún más. Un brillante científico, ganador de un Premio Nobel de Física, capaz de reventar cajas fuertes, de tocar la figrideira en una Escuela de samba cuyos miembros proceden fundamentalmente de favelas, de aprender a dibujar y dedicarse a hacer retratos de camareras en topless, o de orinar haciendo el pino delante de sus amigos para demostrar que la orina no cae por gravedad, es, ciertamente, un personaje complejo. Que sea declarado inútil para el servicio militar (¡por razones mentales!), tras acabársele la prórroga que disfrutaba nada menos que por estar participando en el Proyecto Manhatan, lo convierte en, directamente, inverosímil. Pero lo más increíble de todo es que no se trata de un personaje ficticio. Ni de un personaje novelado, exagerados sus rasgos y anécdotas, con el propósito de convertirlo en tal. El libro, así como «¿Qué te importa lo que piensen los demás?», que continúa narrando las investigaciones y peripecias de Feynman, es fruto de largas conversaciones entre éste y Leighton, convertidos, además en de colegas y amigos, en biografiado y biógrafo, grabadas y transcritas por Leighton a lo largo de varios años mientras se reunían para hablar de ciencia, tocar los bongos, o preparar su viaje a Tuva, postergado por razones políticas (¡pretendían hacerlo en plena guerra fría!). El resultado es un libro extraordinario, ágil, interesante y divertido. Leighton le da forma a las cientos, puede que miles de horas grabadas de manera excepcional, construyendo con ellas una biografía que olvidamos que lo es desde la primera página, sumergidos en la lectura de esas memorias contadas en primera persona, respetando al máximo la sinceridad y espontaneidad de quien las fue narrando....

Jesús Moreno: Paisaje, vida y elementos Abr22

Jesús Moreno: Paisaje, vida y elementos...

Jesús Moreno es uno de esos artistas con los que da gusto charlar. Es sencillo en su discurso; lo que hace comprensible y cercano todo lo que dice. Mientras echamos un vistazo a sus cuadros, va hablando con suavidad, pensando con calma cada cosa que dice. «Me interesa mucho que el observador perciba el juego entre la textura, los colores (de los que siempre elijo la misma gama) y la simbología que toman o ya tienen, esa textura y esos colores. Además, trato de sumar otros símbolos totalmente explícitos que se pierden, se esconden, cuando se contempla el cuadro a cierta distancia. Es casi obligado tener que arrimarse a la obra para percibir todo su significado. El mensaje hay que buscarlo, también, en los detalles». Ese mensaje es siempre el mismo con las variantes propias de cada cuadro. Jesús Moreno busca la conexión entre la tierra y el ser humano. La tierra pertenece a este y este a la tierra. Al fin y al cabo, esa tierra es por lo que el hombre ha luchado siempre, esa tierra fue siempre el factor decisivo en la lucha por la supervivencia de la raza. Es por ello que el vínculo con los elementos es esencial. «Si hay algo terrible que le está sucediendo al ser humano es perder ese vínculo con la naturaleza. Vivimos en la tierra, en el mar, en las plantas; y, por mucho que queramos separarnos del entorno, estamos condenamos a mantenernos unidos formando un todo. Maltratarlo es un mal camino que las sociedades han comenzado a transitar». Señalo los símbolos religiosos de las diferentes confesiones que aparecen en cada cuadro. Son una especie de reiteración que imprime un carácter sumamente especial a la obra. «La religión siempre fue la gran excusa de...

Dueños del Ring Abr22

Dueños del Ring

El boxeo es un deporte de diferentes connotaciones fuera y dentro de la pantalla de un cine. Siempre he pensado que dentro de una película, el deporte se ennoblece; pasa un poco como con el rugby en la vida real (considerado por muchos noble en las formas, brutal en sus reglas), al que habitualmente se contrapone con el fútbol (sencillo en sus reglas, brutal en sus formas, sobre todo últimamente donde el sentido se desvirtúa por el vil metal). Si vamos a un gimnasio o a un campeonato del extrarradio, que es donde se suele celebrar al menos aquí en España el boxeo, nos daremos cuenta de que o bien la realidad supera en su crudeza a la ficción o que simplemente es tan fea que se hace difícil de soportar, entre otras razones por la duración de los combates. Pero para eso tenemos el cine. Existe un film que demasiada poca gente conoce que sintetiza lo que entendemos es una gran película de este género: “El ídolo de barro”, de Mark Robson (realizador de “Más dura será la caída), interpretada por Kirk Douglas (uno de los pocos supervivientes de aquella gloriosa década que nos dio a tantos grandes), Marilyn Maxwell y un Arthur Kennedy que interpreta al hermano cojo del protagonista con proverbial dramatismo. Porque sobre todo es una película que todavía tiene demasiado en cuenta la Gran Depresión. Estrenada en 1949 y con seis nominaciones al Óscar, de las que obtuvo el mejor montaje, el film resulta aún hoy inclasificable, dado que Robson se movía entre la villanía del deporte con ramalazos de cine negro; y es que aquí Kirk, como en el “Cinderella man” de Ron Howard, gana más combates y dinero del que tenía previsto, por lo que se convierte...

París no se acaba nunca...

Enrique Vila-Matas (Barcelona 1948) pretendía con París no se acaba nunca llevar a cabo una revisión irónica de sus días de aprendizaje literario en el París de los años setenta. En algún momento dice, citando a Pascal, que «lo último que se encuentra escribiendo una obra es aquello que ha de figurar al principio». Muy pronto Vila-Matas nos descubre su hallazgo: «la ironía juega con fuego y, al burlar a los demás, a veces acaba burlándose a sí misma». Es fácil concluir que esa ironía que se burla a sí misma sea tan solo esa mirada entre sarcástica y compasiva que el Vila-Matas maduro arroja sobre el Vila-Matas joven, no obstante, la verdadera ironía que subyace en el texto acaba por prevalecer: la constatación de que el aprendizaje literario es un interrogante que crece a medida que se formula. Y la primera víctima de esa ironía es la línea que, sobre el papel, separa los territorios de la ficción y la realidad. Vila-Matas se esfuerza en hacer creíble la impostura que supone estar simultáneamente a ambos lados; no solo al usar la distancia temporal para convertir en ficción el joven que fue, sino también al recordar el empeño de aquel por «tratar de llevar una vida de escritor», por convertirse en Hemingway. Lo que asombra primero al autor y luego al lector es que el desarrollo de los acontecimientos en la narración acabe por darle la razón al revelar los túneles invisibles que conectan ambos territorios. El hecho de que el texto sea autobiográfico no hace sino acrecentar la sorpresa al constatar que en ocasiones el relato precede a la experiencia. La explicación habría que buscarla en la mirada que se desarrolla a partir de una pregunta que no interroga al hombre sino a...

Un simple vestido de fiesta...

Hace pocos años, la editorial madrileña Árdora Ediciones hizo posible que el escritor francés Christian Bobin pueda ser leído en España en idioma español. Publicó la traducción de sus obras Une petite robe de fête (Éditions Gallimard, 1991) y Autoportrait au radiateur (Éditions Gallimard, 1997). En ambos casos, el traductor es José Areán, aunque la traducción de Un simple vestido de fiesta la hace junto con Tono Areán. Entonces, Árdora Ediciones, afortunadamente, publicó en 2006 Autorretrato con radiador y en 2011, Un simple vestido de fiesta. Un simple vestido de fiesta es esencialmente el oxímoron del título del libro. El lenguaje de Christian Bobin es simple pero está vestido de fiesta. Christian Bobin es ante todo un poeta. Duele leerlo si somos seres sensibles a los que dos cosas nos conmueven profundamente: la lectura y el amor. Porque de este dolor, que en realidad es uno, no son dos, habla Bobin. Al respecto, lo cito (y de acá en más no podré evitar citarlo): “Uno lee como ama, uno entra en la lectura como se enamora: por esperanza, por impaciencia”. Se trata de un libro de relatos que comienza con una introducción o presentación del autor. Allí ya nos plantea, antes de la lectura o como hall de entrada a esa lectura, precisamente el tema de la lectura: el niño que se convierte en lector y aquel que no, tras culminar esa etapa común a toda la humanidad en la que aún no leemos. Una evolución de la persona hasta tomar partido entre una cosa u otra: o no lee nunca o forma parte de ese grupo de gente que no hace otra cosa más que leer. Este último grupo es el que “hace vivir a los escritores, libreros, editores, impresores”. Bobin considera a...

Sombras de Grey: Cincuenta, Más oscuras y Liberadas. La Trilogía...

El Diario de una lectora imprevisible hace honor a su título y aborda esta semana el comentario de la que fue trilogía de moda, ahora que los tres gruesos tomos y los demás libros secuela publicados a rebufo de aquel fenómeno literario, se apilan perezosos en las secciones de libros de los hipermercados y en los expositores de las grandes cadenas de librerías, de donde volaban en pocas horas hace menos de dos años. El lector que aun no haya abandonado la lectura de estas líneas por su falta de interés en estos títulos, sentirá la tentación de despachar las inefables Sombras de Grey en todas sus modalidades: Cincuenta, Mas oscuras y Liberadas, con algún calificativo rotundo y expeditivo, como libros basura, literatura de consumo, o simplemente best sellers, que es término importado que goza de muy escaso prestigio en nuestro universo literario. No seré yo quien lleve la contraria a quienes se expresen en esos términos; en mi opinión, los tres libros van, por su orden, de mal a fatal, y desde ahí, a peor todavía. Es, por tanto, difícil aventurar cuales son los motivos por los que el gran público se engancha –nos enganchamos- a productos tan previsibles, desdeñando la mejor literatura con la misma arbitrariedad con la que el niño rechaza la verdura, pese a no haberla probado jamás. Debo reconocer que, con esfuerzo, finalmente conseguí acabar la trilogía. Inicié la lectura por el principio, es decir, por el volumen titulado Cincuenta sombras de Grey, y es cierto que logró engancharme como enganchan los libros que se pueden leer tomando el sol en un lugar muy ruidoso, que no son todos y casi nunca los mejores. No deja de ser un misterio que alguien aficionado a leer desde la tierna infancia,...

Superman returns: El remake imposible Abr22

Superman returns: El remake imposible...

Entre los autores de cómic es prácticamente unánime la opinión de que Superman es el personaje más difícil de escribir. Más allá de las características del personaje, si esto es así, se debe a que, como vaticinó Umberto Eco en su célebre ensayo Apocalípticos e integrados, el carácter mítico del personaje choca de frente con su serialización permanente. Superman se ve abocado a la continua readaptación, a vivir tiempos muy distintos a los que fue creado. Y la pregunta es: ¿puede un personaje de ficción sobrevivir al paso del tiempo manteniendo su condición mítica sin desvirtuar lo que le otorgó dicho carácter? Bryan Singer, el director de Superman returns, intentó rendir un sentido tributo a los primeros films sobre el personaje. La acción de la cinta de Singer se sitúa, de hecho, después de Superman II, desechando los otros dos títulos clásicos en los que su admirado Richard Donner nada tuvo que ver; aunque, en realidad, es casi un remake del primer film del que toma frases y secuencias completas. Lo que Singer, quizá, no preveía es que la fuerza de su admiración no sería suficiente para restablecer un personaje de otro tiempo en el mundo presente, en una época descreída que ya prescinde de mitos. El resultado fue un film único en su género, hermoso y brillante técnicamente, que reincide en la alegoría mesiánica del primer film a partir de la cita: el hijo se convertirá en padre y el padre se convertirá en hijo; pero que desprende una tristeza terrible al mostrarnos el último capitulo del héroe divino. Todo en ella transmite una sensación de adiós a un icono destinado a morir o a transformarse en otra cosa. La acción sitúa a Superman alejado del planeta Tierra por cinco años; el mundo...

Consagrarse a la muerte Abr22

Consagrarse a la muerte...

Toda belleza necesita ser contemplada. Narciso necesita esa caricia que sólo le da la laguna. Al ver su reflejo en el precipicio de la superficie, éste no es sino el abismo de la propia forma de Narciso. Por ello, no pudo ser otra sino la ciudad de las lagunas y los canales, donde Gustav von Aschenbach -apellido que significa “río de cenizas”- encontrara, en su huida del spleen, al efebo Tadzio. Si la laguna es la gran metáfora de la contemplación, la llegada del contemplador de la belleza en una góndola conducida por un falso gondolero, no es sino el viaje de Caronte por la laguna Estigia a la ciudad de la muerte, de donde no se puede regresar; pero es que la propia laguna es Tadzio, al ser el lugar donde se ve reflejado su rostro. Aschenbach viaja por la belleza del joven hacia el inframundo que se apodera de las sombras errantes. Revela August von Platen: “Quien ha contemplado la belleza con sus propios ojos está consagrado ya a la muerte.” Si Aschenbach prefiere ésta que separarse de la belleza aún a sabiendas de que algo huele a podrido en Venecia; ésta también prefiere morir que vivir sin turistas, sin observador – y a pesar de la necesidad de Visconti de rodar entre las dos y las seis de la madrugada para evitarlos-. El subyugante director Luchino Visconti hace de la novela Muerte en Venecia (1912) de Thomas Mann -al que llegó a conocer en 1951- y a propósito de la vida del compositor Gustav Mahler (1860-1911), un leitmotiv en 1971 de su añoranza de la belleza, que como en el Fedro platónico es “el recuerdo del mundo verdadero”: su admiración irresistible por la aristocracia a la que pertenecía -pero su militancia...

Cora

Cora, de Georges Sand o Amandine Aurora Lucile Dupin, breve cuento que, como el resto de la obra de esta autora escondida tras un pseudónimo masculino, fue incluida en el índice de libros prohibidos por la Iglesia Católica. ¿La razón? Cuesta encontrarla, pues no es más que un divertido relato que nos traslada a la literatura romántica del siglo XIX, en el que Georges, el protagonista, llega a un pequeño pueblo de provincia, enamorándose perdidamente de la joven Cora, de rasgos exóticos (propios del Romanticismo francés), a quien describe de una belleza sutil y delicada (propia del Romanticismo alemán). Colmado de pasión y con un discurso pretenciosamente intelectual, Georges irá manifestando gradualmente sus sentimientos hasta llegar a una situación insostenible. Este ansia de amor, propio de la exaltación de la época contagiada por las novelas románticas y fantásticas, en concreto los cuentos de E.T.A. Hoffman – por quien Sand sentía gran admiración -, es caricaturizada por la autora durante todo el cuento. La ironía, simplicidad y flechas de humor que lanza Sand ofrecen un rato breve de lectura despreocupada y contínua. Para muchos las lecturas antiguas cansan, con su lenguaje redundante que chirría en contraposición con el del siglo XXI, y están pasadas de moda; pero las modas son cíclicas y, en cualquier caso, el amor atemporal. Siempre es interesante trasladarnos doscientos años atrás y comprobar cómo éste trata a todos por igual. Indiscriminadamente atrapa provocando obsesiones, cegueras y una realidad distorsionada al antojo de la pasión. Existe ahora y existía antes, aunque entonces hubiera ciertos límites oficiales e intraspasables sin que hubiera consecuencias. Si embargo el único atrevimiento de este cuentecito era, sin más, que detrás de Georges Sand estuviera la soñadora e idealista baronesa Amandine Aurora Lucile Dupin, ataviada con unos pantalones...

El libro de Silence

Silence es hombre y es mujer. Su libro es un romance picardo, escrito en verso en el siglo XIII. Hallamos en él ya, prematuramente, los temas que encontraremos después en la novela moderna: una trama de cierta complejidad, suspense y una intención en la composición de los personajes, es decir el desarrollo de los sentimientos, en los que subyace –sobre todo en Silence- un conflicto de género, y en torno a los que hay una precursora investigación sobre el choque entre Naturaleza y Educación, entre el instinto y el raciocinio. En ese sentido nos parece un libro repleto de enseñanzas. La traducción en prosa al castellano completa ese aire por el que se puede leer El Libro de Silence como una novela, sin reparar en los anacronismos del idioma ni en las dificultades del verso. Esto, y cierta sofisticación en la construcción, lo separan de los temas comunes a otras novelas de caballería y del resto de los textos artúricos, de esa materia de Bretaña en los que los estudiosos lo encuadran merced a la presencia de Merlín. Y es que el juego de equívocos que nos presenta, y que arranca por lo visto de la Grisandole de la anónima Estoire de Merlín, se prolongará en Shakespeare y en nuestro siglo de oro hasta llegar a los libretos de la ópera italiana. Porque ya encontramos en el Libro de Silence el mensaje maldito de Hamlet. Nada se sabe de su autor más que su nombre, Heldris de Cornualles. Calificación: Curioso. Tipo de lector: Cualquiera. Tipo de lectura: Entretenida. Argumento: Lineal. Personajes: Primarios pero atractivos. ¿Dónde puede leerse?: En...

El renacimiento del power pop Abr22

El renacimiento del power pop...

Hace menos de seis años, allá por el 2008, Maryland era un grupo de música formado por cuatro amigos que se encerraban a tocar en un local de ensayo, que formaba parte de una red puesta en marcha en varias ciudades de la comunidad autónoma de Galicia. La sede de estos cuatro músicos era Vigo, ciudad natal de los mismos. Por entonces, la fuerza de sus guitarras y la sencillez y el atractivo de sus melodías llamaban la atención, pero no era lo único que parecía hacerlos sobresalir por encima de otros grupos noveles. En la definición de su estilo musical, etiquetado por los propios componentes, se podía leer a menudo power pop. Un término del que renegaron muchas de las bandas que terminaron siendo adheridas al mismo. Tal vez por su sonoridad demasiado surfera, tal vez por la aspiración de esos conjuntos a ser relacionados con otros géneros alternativos de la música. No obstante, fue Pete Townshend, miembro de The Who, el primero en hacer uso de la expresión para referirse al estilo de su propio grupo. El caso es que Maryland nunca renegó de sus propias raíces, ni camufló las sensaciones que pretendía transmitir, fuese metido en un estudio de grabación, fuese sobre un escenario. Hoy Maryland es un grupo cuyas giras constan de paradas en muchas y diversas ciudades de la geografía española. Desde 2008, su discografía cuenta ya con tres trabajos, algo que llama mucho la atención en su corta pero intensa biografía. Ha formado parte del cartel de festivales de prestigio y reconocimiento (Primavera Sound, VigoTransforma o MusicWay), ha llenado varios locales emblemáticos para el buen aficionado de la música en vivo (sala Capitol, en Santiago de Compostela; sala Caracol, en Madrid; o sala Sidecar, en Barcelona), y ha...

¿Escribir como Faulkner o vender como Follett? Abr08

¿Escribir como Faulkner o vender como Follett?...

Hace algunos años me escandalizaba saber que, en España, se publicaban alrededor de sesenta mil títulos diferentes cada año. Hoy, no me preocupa lo más mínimo cuántos son. Supongo que serán muchos más. Porque entre la cantidad de títulos que publican las editoriales buscando con desesperación un éxito que les solucione la cuenta de resultados; los libros autopublicados por autores que no encontraron sitio en las editoriales; y la cantidad  abrumadora de libros publicados a través de Internet; es casi imposible saber casi nada. Todo esto que algunos celebran (fundamentalmente los autores que publican su obra pagando cantidades, a veces, disparatadas) es un auténtico desastre que abarata la literatura día a día. No sé si alguien ha pensado que, con esta cantidad de publicaciones, todos los autores, salvo los quince o veinte mejor colocados en las listas de ventas, están condenados al anonimato más radical. Entre tanto ruido no se les puede escuchar. Algunos dirán que han publicado con gran éxito entre los que le han leído aunque pocos estarán dispuestos a asumir que sus lectores tienen nombre y apellido conocido para ellos (para los autores, digo). El mercado literario, en esos casos, es minúsculo; formado por parientes, amigos, media docena de contactos en las redes sociales y un par de compañeros de trabajo;  y la obra estará condenada desde el principio a no llegar un poco más allá. Incluso los más cercanos, se van retirando elegantemente intentando escapar de la cantidad de compromisos con los que se encuentran dado el extraordinario número de escritores que aparecen en su entorno; terminan aburridos y dejan de leer esas obras que tanto tiempo les restan para dedicarse a los grandes de la literatura y, así no perder el criterio literario. Las obras que podrían aportar algo...

Marcovaldo

Marcovaldo, titulado originariamente Marcovaldo o las estaciones en la ciudad, es una serie de veinte relatos, dedicados cada uno a una estación, que se suceden a lo largo del libro repitiendo un ciclo anual, que se completa, a lo largo del mismo, un total de cinco veces. Sin embargo, no es la narración ordenada, cronológica, que podría parecer, ya que no es una historia que vaya sucediéndose a lo largo del tiempo, un año tras otro, sino que las estaciones son el marco natural necesario para que se armen los relatos, que podrían ocurrir en cualquier otro orden. Nada indica que el cuarto invierno haya ocurrido después del primero; no hay datos ni hechos que den sensación de transcurso del tiempo; de Marcovaldo, el protagonista, no sabemos más tras leer el último, que tras leer el primero. Es decir, apenas nada. Marcovaldo es un ser aparentemente gris visto desde fuera, trabajador en un almacén, padre y esposo, al límite de la pobreza con el jornal que gana en la misma, igual que tantos otros, sin ningún rasgo aparente que lo haga destacar. Todo lo que tiene que ver con su vida como trabajador, en la que pasa la mayor parte del tiempo, aparece en el libro desdibujado, como si no importara (y de hecho, no importa), mientras que su vida familiar, su relación con su esposa, y con sus hijos, se va pintando a base de anécdotas cotidianas, de conversaciones, de momentos, que revelan el amor que hay en ella, a pesar de las circunstancias. Es, sin embargo, la parte que no se ve, la de los sueños, los pensamientos, y la evasión del protagonista, la que lo hace diferente, y la nos cuenta Italo Calvino. Porque Marcovaldo sueña, sueña constantemente y a cada...